EL CONOCIMIENTO COMO NUEVO FACTOR DE DESARROLLO Y CRECIMIENTO ECONÓMICO
Según la teoría económica, los dos principales factores productivos son el capital y el trabajo. Sin embargo, desde hace algunos años se empieza a reconocer un tercer factor de producción -el conocimiento- como generador de riqueza en las economías. Como elemento exógeno al proceso productivo, el conocimiento ha estado siempre presente y ha posibilitado el desarrollo económico. No obstante, existen dos hechos que pueden explicar la importancia adquirida por el conocimiento en los últimos años. Por un lado, las nuevas técnicas de medición están permitiendo una mejor visión del conocimiento y, por otro, el desarrollo de las tecnologías de la información y del conocimiento, su difusión y su distribución a través de todos los sujetos que configuran la economía. En definitiva, las actuales economías -y con ellas todos los agentes económicos- se encuentran inmersas en un proceso de transformación que significa el paso de una economía industrial a una basada en el conocimiento. La serie anual de informes No 21, que publica el Banco Mundial, constituye un documento valiosísimo para poder comprender la inserción del conocimiento como base de una nueva economía basada en este recurso. Según el mismo “el crecimiento económico y el bienestar son abordados no ya desde la perspectiva de la producción de bienes sino desde la perspectiva del conocimiento”. Este informe muy bien puede considerarse como el punto de partida para la creación de una nueva ciencia económica fundamentada en el conocimiento.
De esta manera, es posible definir una 'economía basada en el conocimiento' desde una perspectiva apuntalada en la producción, distribución y uso del conocimiento y de la información.
Dicho de otra manera, si el conocimiento, vinculado por definición al factor trabajo, representa una oportunidad de desarrollo económico, también constituye una nueva forma de exclusión del sistema para las personas, comunidades o instituciones que no dispongan de los mecanismos de inserción en la economía global del conocimiento. Los países en vías de desarrollo, con problemas internos de estabilidad política y de gobernabilidad y con los problemas fundamentales de la población sin resolver, han olvidado la inversión en ciencia y tecnología y han descuidado su sistema educativo. Así, la brecha entre las naciones pobres y ricas cada vez es mayor y la dependencia tecnológica ha colocado a los países en desarrollo en una gran desventaja competitiva. La ciencia y la tecnología ya no constituyen recursos exclusivos de las naciones ricas, sino un ingrediente de progreso sin el cual las naciones pobres difícilmente podrán sobrevivir y mantener su identidad. Tal es así, que el informe del Banco Mundial sobre el desarrollo mundial para los años 1998-1999, propone la necesidad de abordar las desigualdades de desarrollo desde la óptica del conocimiento. El informe deja ver claramente las grandes diferencias que existen entre los países industrializados y aquéllos en vías de desarrollo respecto a la capacidad de generar conocimiento, hasta el punto de insinuar que tales diferencias son aún más grandes que las que tienen que ver con el ingreso, destacando también que la producción de conocimiento y la innovación tecnológica resultan ahora los componentes básicos que determinan la competencia internacional y el crecimiento económico. La importancia del desarrollo de nuevos conocimientos dentro de la revolución científica global de las últimas décadas se constituye en un reto para aquellos países que pretenden conservar los patrones de competitividad y de aquellos que buscan implantar políticas de desarrollo tendientes a lograr un liderazgo mundial.
Todo lo anterior es válido, si los avances tecnológicos “dan la oportunidad de sacar a más personas de la pobreza más rápidamente que antes en toda la historia de la humanidad”; se debe aprovechar el poder de la nueva economía para “ayudar a las personas de todas partes a cumplir sus sueños”. Conocimiento, ciencia y tecnología deberán encontrarse al alcance de todos, distribuidos de manera tal que se garantice igualdad de oportunidades y posibilidades de lo contrario sólo logrará que la brecha entre países ricos y pobre sea mayor.
LORE, FANTÁSTICO. MUY BUENO
ResponderEliminar